miércoles, 1 de agosto de 2012

Dispárame


Prologo

Amy siempre ha pensado: ¿Cómo puedo comenzar un libro sobre mi vida? ¿En primera o tercera persona? ¿Invento un nombre? ¿Digo todo?
Bueno aquí esta. Comienza su libro, el cual hasta el momento no tendrá nombre y será anónimo, tampoco lo dedicara a ninguna persona, cree que no vale la pena.



Me parece impresionante que mi vida se haya tornado así de difícil a tan temprana edad. Me llama la atención que a los diez años quieras buscar el significado de la vida, cuando esta científicamente comprobado que esto ocurre en la edad adulta tardía, desde los 65 años en adelante... Algo es diferente en mí...
Amy Strangerous



Capitulo I
 This mirror isn't big enough for the two of us


 Era una noche como cualquier otra, Amy estaba en su habitación y a sus cortos diez años se cuestionaba el porqué existimos, para que fuimos hechos y porque últimamente se estaba sintiendo tan extraña.
Amy vivía con su padre James, su madre Anet y era la intermedia entre dos hermanas, la mayor Clarisa tenia 12 años y la pequeña Brittany de 3 años. Eran una familia de clase media, viviendo una vida normal. Amy cursaba quinto básico en una escuela común, sus compañeros no eran del todo agradables, siempre reían de ella, de su forma de ser, de su cuerpo. No bastaron muchas burlas para que Amy comenzara a sentirse fea constantemente, la palabra ''esqueleto'' retumbaba en su cabeza una y otra vez, fue entonces cuando ella decidió ser uno, ser realmente lo que le gritaban sin piedad cada hora de clase, comenzó a sentirse abatida y triste, algo estaba pasando por su mente, algo que a su corta edad no lograba asimilar. Amy miraba su cuerpo en el espejo a diario y veía lo ''gorda'' que estaba, detestaba cada centímetro de sí misma, nada le gustaba, solo su cabellera negra como la noche, larga, brillante y sedosa.
Pasaban los meses y ella se volvía cada vez más astuta, ya sabía cómo alimentarse sin comer realmente, ella podía sentir el aroma de cada almuerzo, de cada cena, de cada chocolate caliente, y entonces satisfacer su hambre, ella ya no quería comer. No sabia que esto afectaría su salud mental y física, ella solo quería ser hermosa, quería que la amaran por eso.
Ya habían pasado dos años y Amy estaba en séptimo básico, fue entonces cuando tuvo que cambiarse de escuela a una que quedaba muy cerca de casa, esta era nueva y todos los alumnos que vivían en el sector fueron matriculados allí. Para sus padres era espectacular ya que podría ir y venirse sola a casa, ¿Casa? ¿Hogar? ¿Familia?... A Amy no le hacían mucha gracia aquellas palabras, siempre se sintió muy aparte de su familia. Su padre siempre estaba preocupado de su trabajo se la pasaba todo el día en la oficina; trabajaba en una empresa de construcción de carreteras, el era uno de los tantos jefes y no hablaba de otra cosa que no fuera de los camiones, las calles, el asfalto. Su madre se encargaba de atender un almacén que tenían en casa, el cual realmente no daba muchos frutos, las ventas iban de mal en peor, y como si no bastará estaba cayendo en una depresión profunda, Amy no tenia idea de la causa de esta y tampoco le importaba mucho, con su mente echando humo de tanto pensar en su físico no le daba tiempo para más.
Amy desde pequeña fue muy creativa jamás olvidaría su primera creación, un móvil hecho de mostacillas y flores, para ella era HERMOSO, pero su madre no opinaba lo mismo - ¡Que estúpida eres! ¡Esta horrible, en vez de estar estudiando! – le dijo sin más. Ella solo lloró en silencio, se sintio frustrada y estúpida. Pero en fin, ella nunca se sintió muy a gusto con su madre, había una lejanía entre ellas desde siempre. Por otro lado ella amaba mucho a su padre, quien independiente de verla poco ya que trabajaba fuera de la ciudad, fue él quien siempre la defendió de todo, el que siempre la alentó, pero aun así era muy estricto con sus tres hijas, detestaba las malas alumnas y no quería ver jamás bajas calificaciones. Y estudiar para Amy siempre fue una obligación que debía cumplir al pie de la letra, pero sentía también que algún día lo agradecería, como decía su padre - Algún día agradecerás todo lo que te exijo y hago por ti - por lo que siempre fue la primera del curso, no hacía más que estudiar, solo podía concentrar sus fuerzas en esto para así olvidar cada palabra y mal trato recibido sin lastima alguna por sus compañeros, y aun así y a pesar de todo siempre fue la mejor. Si, ya habían pasado años y ella estaba cada vez peor, 20 kilos pesaba, ya no podía levantarse de la cama, daba pena, Amy solo tenía 12 años y sufría demasiado a su corta edad, habían días en los que solo quería desaparecer, las burlas continuaban y su cabeza estaba hecha un lío.
Amy se encontraba en esa nueva escuela pero sus amistosos compañeros eran  los mismos de siempre, nada nuevo. La profesora acostumbraba mucho a realizar un estúpido “cara a cara” en los consejos de curso.
 - Chicos hoy haremos un cara a cara para que puedan arreglar sus conflictos con sus compañeros y compañeras, así mantendremos un clima de comunión. ¿Hay alguien que desee pasar? - todos la llamaban a ella, Amy solo aguantaba, se comía y le retorcían por dentro todas esas palabras de odio, solo creaban en ella una mujer rígida, pero llena de pena, desesperación y odio, mucho odio... En la mitad de la sala alguien levanta la mano, nada más y nada menos que Brian.
 - Okey Brian, pasa adelante y dime a quien quieres decirle algo.
Brian era un chico que decía ser evangélico, para Amy era un fanático medio loco de la religión, aborrecía todo lo que iba en contra de su religión y al parecer a Amy la consideraba un demonio.
 - Amy, quiero decirte que te odio, te odio mucho. 
Ella solo miraba fijamente y absorbía cada palabra, algún día tendría que explotar y decir: ¡Yo también os odio malditos seres!
La profesora afortunadamente frente a estas declaraciones, terminaba con su estúpida rutina.
Amy sentía que la vida no tenía mucho sentido a los trece años pero creía que quizás más adelante lo encontraría. Aunque a veces su mente se llenaba de recuerdos, como aquel día que la dejaron a cargo de su clase, debía cuidar que todos guardaran silencio y se mantuvieran en sus puestos.
 - Francisca, te podrías sentar por favor, el profesor necesita comenzar la clase.- Cuando tenía que decir estas palabras le temblaba la voz, temía escuchar respuestas horrendas. Más aún a Francisca que era una de las más problemáticas de su nivel, dominaba a quién quería y era de temer. Era larga, flaca, de dientes y ojos enormes, era una chica muy fea.
 - ¡Hey estúpida! ¡Por que no te callas Betty la fea! - Le gritaba riendo de forma diabólica. Amy estaba harta, era uno de esos momentos en los que quería gritar y saco su voz en alto, con coraje de no sabe donde, ella solo gritó:
- ¡Solo siéntate ratón desnutrido!. Todos habían reído de ese sobre nombre, rieron de algo que dijo Amy, ella no lo podía creer, se sentó tranquilamente en su puesto orgullosa de haber dejado en silencio a esa imbécil que no tiene nada mejor que hacer, que desorden. Aun se escuchaba como todos reían y a lo lejos, en lo ultimo de la sala se pudo escuchar arrastrar una silla, una mesa, rápidamente unos pies caminando hacia ella, mientras giraba su cabeza a ver que pasaba, se encontró con ese monstruo horrible frente a frente, mirándola con sus enormes ojos oscuros, casi ubicándose en cima de su cuerpo, Amy siente un fuerte dolor en su cuello, sentía que algo se desgarraba en él, Francisca sin lastima alguna enterró sus uñas largas y asquerosas, perdía la respiración, sentía desesperación, nadie la ayudaba todos se dignaban a mirar, ella por un momento se sentía bloqueada, aturdida, entonces se dio cuenta que debía reaccionar, hacer algo al respecto, en un movimiento rápido levanto su pierna derecha y dio una patada con todas sus fuerzas a las piernas de su rival, Francisca se hecho hacia atrás del dolor que sintió por suerte, y dejo espacio para que Amy se levantara como pudiese, ella corrió, corrió y corrió, llego al baño, se miró en el espejo y miraba las marcas en su cuello, se preguntaba donde rayos había alguien que la ayudara, porque esos ignorantes e inservibles docentes no sirven para nada, pagaron estudios ¿para qué?, ella decidió jamás ser así, ella decidió servir a otros, ayudar, ser útil, no como muchas de esas personas asquerosas que solo quitan oxigeno en el planeta.
 Pero Amy seguía cuestionándose qué sentido tenía aquello, que sentido tenia la vida, qué sentido tenía SU vida.


Comenzaba un nuevo año y al parecer alguna fuerza sobre natural dejó a Amy  llegar viva al octavo año básico, pero ella no daba gracias por eso, es más, creía que era un maldito castigo seguir con su vida y así fue, un castigo más. 
Esta vez sentía un poco mas de seguridad, el verano le había dado otro aire, otros ánimos. Las cosas andaban bien en casa, su padre había vuelto a vivir con la familia normalmente, ahora trabajaba dentro de la zona hace ya casi un año, por lo que todas se sentían más seguras con él cerca. Su madre estaba superando esa depresión que tenía y se veía mas feliz. Sus hermanas, estaban bien, como siempre, pero a Amy nunca le intereso mucho, su relación no era muy cercana, al igual que con su madre. Su padre había decidido re modelar la casa, tenían mucho dinero ya que el gobierno había entregado a los hijos de detenidos desaparecidos de 1973 una cantidad considerable, aunque esto causaba mucha envidia en los vecinos, todos veían como crecía la familia y además renovaban su casa, estaba quedando preciosa, incluso ni si quiera necesitaban el almacén antiguo. Amy veía a todos mucho mas alegres, eso causaba en ella algo parecido.
Era 05 de marzo del 2006, primer día de clases, para muchos un día de nerviosismo y emoción, pero para ella solo un puto día más. Pensaba una y otra vez en que ocurriría, como la recibirían sus compañeros este año, ella sentía que ya planeaban algo para maltratar su vida nuevamente. Era la ultima hora de clases, hasta ahora todo iba bien, Amy se encontraba tranquila por lo menos había pasado el día sin atentados esta vez. De pronto sus compañeros se acordaron de que existía, que debían hacer algo para continuar molestando, en la sala se escuchaba desorden y risotadas, Amy escribía en su cuaderno tranquilamente. 
 - ¡Rodrigo lanzame el bolso! 
 - Es de Damaris, se va a enojar ¿cómo se te ocurre que lo voy a lanzar así como así? 
 - Jajajajaja no seas estúpido molestemos un rato.- Damaris estaba totalmente indiferente, eran sus amigos así que no le importaba lo que hicieran con su bolso ni con nada que fuera de ella.
 - Hey... - Claudio hablando muy bajito a Rodrigo - ¿por qué no le lanzamos el bolso a la tontita esta? jajaja - Rodrigo solo le hace un gesto de que lo haga.
Claudio toma el bolso y lo lanza en plena espalda de Amy, ella solo volteó sin decir nada. Luego lo hizo otra vez, otra vez y otra vez...
Amy ya estaba cansada, como era posible tener compañeros tan inmaduros que se comportaban como verdaderos estúpidos. Se levanta lentamente de su puesto volteándose, mira fijamente a su compañero y levanta el bolso del suelo, exhausta y con rabia lo lanza con toda su fuerza a la cara de Claudio y desesperada y con mucho coraje solo grita: 
 - ¡Déjame en paz! 
Amy no se dio cuenta que había cometido un error y uno grande. Aquel bolso era de Damaris, la niña que mas la odiaba, con todas sus fuerzas, quien organizo cada golpe que recibió Amy, quien sembró el odio y la envidia en cada uno de sus compañeros para entregárselo completa y únicamente a ella. Damaris al ver volar su bolso por el aire y además lanzado por Amy, rápidamente pensó que ese error lo pagaría muy caro, eso no se iba a quedar así. Ya había tocado el timbre, las clases habían acabado. En el salón se podían escuchar voces hablando bajito, todos miraban a Amy con una mezcla de pena y burla, rumores de que la golpearían de nuevo se escuchaban en cada rincón de la sala, ella miraba un poco perdida a su alrededor, sentía miedo, sentía soledad, no sabía si huir o afrontar la situación. Mientras Amy analizaba cada idea dentro de su cabeza, cada sentimiento y pensamiento de que hacer en ese instante, la interrumpe alguien que tira de su brazo fuertemente, girándola para poder mirarla de frente, Amy sintió un frío que recorría su piel, un miedo que le hacía temblar las piernas, su piel erizada de un temor profundo y su corazón gritaba ¡No de nuevo!. No le salían las palabras, ella no quería voltearse a mirar quien era la persona que la jalaba de esa manera, ya imaginaba a Damaris golpeandola, o a su amiga Francisca con sus uñas asquerosas, pero finalmente dio la vuelta y vio a su enemiga, la peor de todas, mirándola con rabia y con una mirada que decía "No te haré daño, solo te golpearé en la cara". Amy confundida y medio aturdida escuchaba lejos y cerca la voz de su contrincante que le decía: ¡Vamos golpéame! ¡Miedosa! ¡Miedosa!. Luego esa horrible voz se mezclaba con mas gritos, risas diabólicas de sus compañeros quienes en círculo se iban agrupando al rededor de ellas, todos apoyaban a su líder, Amy sentía la soledad mas profunda, un abandono enorme, no sabía donde poner su mirada, no sabía ni que hacer ni que decir. Por su mente pasaban mil imágenes  por segundo en donde podía imaginarse golpeando, insultando a ese maldito ser que la humillo durante tanto tiempo, se imaginaba a ella defendiéndose de cada cicatriz que cada uno de sus compañeros iba dejando en su interior. De pronto fue interrumpida y obligada a volver a la realidad, escucho más gritos y esta vez su enemiga tomaba fuerte de sus brazos moviendola de un lado hacia el otro, fue entonces cuando reacciono y poso sus ojos en la mirada de ella, esa mirada fría y oscura sin nada que decir. Amy apretó su mano derecha con todas sus fuerzas, la transformo en un puño lleno de ira y sin piedad de nada lo levanto rápidamente y la golpeo con todos los sentimientos malignos que puedan existir, sintiéndose aliviada, respetada, fuerte y gloriosa, por fin había hecho algo al respecto, por fin había dejado a todos con la boca abierta. Damaris levanto el rostro, su mejilla parecía irritada por el golpe, su piel blanca ahora era roja, un rojo encendido y hermoso, un rojo que hacia sentir a Amy la más feliz por un segundo. Mientras disfrutaba de su momento perfecto, sintió como dos monstruos la tomaron de los brazos aventandola contra el suelo y Damaris con una cara deformada, echa un demonio dio miles de golpes en su estomago, fuertes patadas en su cabeza, los otros dos engendros tiraban de su pelo que tanto amaba y entre llantos y gritos podía ver como estaba esparcido por el piso. Ella solo tomo sus manos y las coloco cubriendo su rostro, sin cesar de llorar pero jamás pidió rendirse, jamás pidió compasión ni aun que la matarán a golpes. Ya no podía sentirse mas humillada, perdida y sola.